Temo perderla. Es como si en el fondo me sintiera culpable por la situación. Nos conocimos, bueno me empezó a hablar y la divisé allá por septiembre del año pasado. En la clase de televisión, la vez que la profe no me quería aplica el segundo examen y que la docente tuvo en agrado sacarme del salón, Christian dijo como chascarrillo que lo más probable era que estuviera exenta. Me dio cura y lo tomé a bien pues me sentí apreciada por alguien y más puesto que no conocía en el grupo mas que 3 personas y de lejana manera.

En fin. Me comenzó a llamar la atención porque era solícita con los compañeros y con Kim, la profe y encargada del taller, además de que sabía mucho y se mostraba interesada en aprender diario cosas distintas. Nunca nos hablamos mucho cuando tomábamos la misma clase. De otra de las veces que la noté cerca fue cuando editamos Alex, Rosa y yo en la Mac número 8, y como tardaba mucho el descenso de imágenes por la diferencia de puentes, Rosita se puso a platicar con el morro que estaba detrás de nosotros. El muchacho es íntimo de Cristian.

El tercer encuentro y creo el último del 2006, fue cuando cubrí Fotofé allá por principios de octubre en la Sala de Arte. Un día antes había recogido audio durante la inauguración y ahora faltaban unos comentarios de asistentes, léase no acarreados por el glamour.

Cuando me iba vi una muchacha que detenida en cada fotografía montada, trataba de leer cada haz de luz y su distorsión. Me acerqué a ella y entre la plática que inició con un clásico “¿Cuándo regresarás a clase tele?” terminamos hablando del Festival de Televisión Universitaria, de Mexicali, del calor y el bloqueador necesario para que no te ardiera la piel, de unos amigos que creo ella tiene allá o que nos acompañarían desde Tijuas a fin de aminorar el costo del viaje; de que ella discurriendo por las estaciones de radio en AM me escuchó un día dar mi reporte y que a partir de ese momento me escuchaba, porque sabía, cabe señalar, cada cuando salía al aire. Me sentí bien porque había conocido mi primera fan, chafita, pero a fin de cuentas, la primera persona fuera de mi círculo universitario que me escuchaba por mi persona. De hecho, aún guardo la minientrevista que le hice; antaño porque esperaba que sirviese de apoyo para una nota, ahora porque es un bonito recuerdo. ¿Y si todas las entrevistas hechas, audios y textos formasen parte de la historia más bella jamás contada?

Este febrero cuando iba a regresar un retroproyector que me habían prestado para una exposición de tele, la volví a ver y nos saludamos. Gustosa me ayudó a cargar el aparato que ya llevaba en descenso por la escalera del edificio 19. Más que fascinada acepté el favor ya que iba cargada, además soy bastante torpe de noche, sólo a oscuras jeje. Como venía con Cecia y a ella le había hablado del desgraciado de Gustavo Mendoza y de los muchos porqués no me había inscrito en la materia, y obvio permitir que la profesora me dejase fuera del saló, continué hablando de los hechos.